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lunes, 18 de julio de 2011

Educabilidad y construcción del sujeto en la cultura


              Por: Alejandro Salazar Vargas

Es completamente indiscutible que el ser humano es un ser eminentemente social. Su interacción con el universo simbólico que dota de sentido y significado sus acciones, permite la constitución del psiquismo y, por ende, la interiorización de significados culturales y la construcción de las llamadas funciones psicológicas superiores.


     Hay que decir que tal proceso de construcción lleva implícito un aprendizaje, condición que remite a la afirmación meramente sustentada en lo dicho con anterioridad, que el sujeto posee posibilidades de educabilidad que permitirán durante el curso de su vida formarse como sujeto en su cultura.

     En ocasiones, tiende a pensarse que la educabilidad es sólo una condición específica y única de quienes pueden acceder a las llamadas “instituciones educativas”, y cuyas necesidades básicas son completamente satisfechas, de manera que los asuntos referidos a la nutrición, economía y procesos de interacción social sean los más adecuados para posibilitar un adecuado aprendizaje.

     Es importante afirmar, que tales circunstancias son necesarias para el desarrollo del sujeto, pero la noción de educabilidad no excluye a ningún ser humano, puesto que es ese hecho mismo, el de ser humano, el que determina la construcción del sujeto como posible de ser educado.

     Con esto, debe decirse que la inmersión de procesos educativos en comunidades de escasos recursos posibilita que los sujetos allí residentes, puedan construirse como seres sociales, interiorizando aquellos conceptos y nociones que han sido construidas en la historia por los seres humanos.

     El hecho que ciertas personas vivan en la escasez económica, no quiere decir que no sean sujetos sociales: es precisamente la condición de pertenecer a una sociedad, la que ha nombrado su forma de vida y le ha dado un estatuto, para algunos inferior, por no poseer lo que muchos consideran lo más importante en su vida: riqueza, en su carácter más monetario.

     Hay que resaltar, como lo afirma Baquero, R (2006) refiriéndose a la noción de educabilidad, que ésta “remite a un atributo específico de lo humano, a una nota distintiva que refiere a una cierta incompletud de la naturaleza del cachorro humano que precisa de su apropiación de y por parte de una cultura para poder constituirse en sujeto” (p.12), de manera que la condición misma de una falta, es la que moviliza al sujeto a relacionarse con otros para construir conocimiento.

     Hay que decir que el señalamiento de la “no educablidad” en un sujeto específico, marca un déficit en sus capacidades cognitivas y obtura su interés por aprender y construirse como sujeto, puesto que lo que otros le han dicho es que sus funciones psíquicas superiores no operan adecuadamente. Debe afirmarse, que el concebir tal noción remite a las consideraciones que han sido repensadas en las disciplinas cercanas al ámbito educativo, dónde el déficit era sólo del sujeto y ahí, “no había nada que hacer”.

Esta idea, tan errónea, rompe con la noción de educabiidad, como si el aprendizaje fuese sólo exclusivo de unos casos específicos: todos los seres humanos están en capacidad de aprender. Su aprendizaje, dependerá de sus intereses, motivaciones, estrategias y ayudas implementadas por el docente, y aspectos sociales que han permitido su construcción como sujeto.

     Así pues, se introduce una elaboración que implica una interrelación entre alumno-docente, puesto que la responsabilidad del aprendizaje no es única de las estrategias del docente, ni tampoco, única de las dificultades del alumno.
Es la realización del trabajo conjunto, el que permite la construcción de conocimiento y el máximo aprovechamiento de las funciones psicológicas superiores.

     Además, debe tenerse en cuenta que hablar de docente, en este caso, no implica necesariamente el estar inmerso en una institución educativa, puesto que tal papel puede suplirlo cualquier persona que dote de conocimiento al niño y lo apoye u oriente en la construcción del mismo.

     Con lo anteriormente dicho, es importante traer a colación lo que en párrafos anteriores se estaba mencionando: los procesos de educación en comunidades de escasos recursos económicos y en condición de extrema pobreza.

¿Y es que, acaso, quienes se encuentran en tales condiciones están imposibilitados para aprender y/o educarse?! ¿No son también seres sociales cuya condición para formarse como pertenecientes a una cultura implica un proceso de construcción subjetiva mediada por el aprendizaje?
Quien responda afirmativamente a la primera pregunta, se encuentra en un completo error. La respuesta a la segunda, está más que explícita en lo que se lleva del escrito.

     Si se tiene en cuenta que las imposibilidades de pertenecer a instituciones educativas por algunos sujetos, corresponden también a un problema político, es menester considerar que la pobreza es también un problema político y, por consiguiente, de gobierno.

     Sin embargo, esto no quiere decir que quien se encuentre en un estado de pobreza esté imposibilitado para aprender: su incompletud constituyente como ser humano, inserta el orden de la educabilidad, proporcionando las condiciones para llevar a cabo procesos de aprendizaje.

     Por eso, en ocasiones, la instalación de instituciones educativas en comunidades residentes en lugares donde abunda la pobreza, permite que quienes a ellas asistan, puedan construir conocimiento que anteriormente le había sido denegado por su situación social.

     De esta manera, la institución estará en la tarea de diseñar estrategias que permitan la participación y el desarrollo cognitivo de los sujetos atendiendo a sus necesidades y condiciones sociales, pues es desde ellas que se fundamenta una adecuada enseñanza-aprendizaje.

     Es así que la inmersión de la educación en contextos de conflicto social, permite insertar una opción de vida en los sujetos, construir, reconfigurar y transformar las percepciones del inmenso mundo que los rodea. Como proceso formativo, marca un inmenso camino a recorrer, cuyo sustento en la construcción de los sujetos eminentemente sociales, podría ser una gran orientación para generar procesos de cambio a nivel intersubjetivo e intrasubjetivo, de manera que sería un aporte a la reforma de las condiciones sociales que tanto agobian a los seres humanos.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Baquero, R (2006) Sujetos y aprendizaje. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. 1ª ed. Buenos Aires: Argentina

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